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JUDERIA Y HOLOCAUSTO

¿Qué pasaría si los países del mundo exigieran que desapareciera el antidemocrático derecho de veto, bajo la premisa que de no suceder se retirarían de dicha organización (ONU)?

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Por Mauricio Saraya Ley

La Voz del Árabe (LVÁ) – Cd. de México, marzo 31 del 2016 – Estaba leyendo algunas de las más recientes entrevistas que se han publicado en La Voz del árabe y me llamó mucho la atención una en particular, la del Dr. Jehad Yousef, (NUESTRA LUCHA ES REGRESAR PALESTINOS A PALESTINA)  responsable del Frente Democrático para la Liberación de Palestina en Venezuela.

¡Qué gran ejemplo nos da Venezuela, ese pequeño país que se atrevió a desafiar a los explotadores, genocidas, embusteros y ladrones que acometen mil atrocidades en contra de la humanidad!

Citas de la entrevista: “la posición de Venezuela desde hace tiempo ha sido muy clara, muy firme en cuanto al apoyo y solidaridad con el pueblo palestino. Venezuela a nivel internacional, en el campo diplomático, político, en la ONU en el Consejo de Seguridad ha mantenido una posición firme condenando las agresiones israelís exigiendo la retirada de las fuerzas de ocupación y restablecer los derechos nacionales del pueblo palestino, esto por una parte, por otra, un hecho concreto de Venezuela fue que el gobierno de Chávez fue el primero  que reconoció al Estado Palestino y abrió una embajada palestina en Caracas, paralelamente por las reiteradas incursiones israelíes contra la población palestina sobre todo por los sucesivos ataques contra Gaza, el gobierno venezolano también tomó la decisión de romper sus relaciones con el Estado sionista de Israel, expulsó al embajador israelí de Caracas y rompió todas las relaciones políticas, comerciales y de cooperación con Israel”. −Así que por un lado tenemos a quien entiende que lo que le hacen a otros pueblos el día de mañana se lo harán al propio. Y continúa diciendo−: “mientras Maduro y los gobiernos de América Latina enviaban este tipo de ayuda al pueblo palestino veíamos que EEUU mandaba bombas y armas al Estado de Israel… / la solución de los refugiados palestinos no es recibirlos en diferentes países, no es ayudarlos para que se establezcan en diferentes partes del mundo, la solución de los refugiados palestinos es obligar al gobiernos de Israel, al Estado de Israel, permitir el derecho de retorno de los palestinos porque Israel es responsable de que haya refugiados palestinos desde que fueron expulsados en 1947 y 48.”

Y me pregunto: ¿cómo pueden los diferentes países del mundo entero seguir indiferentes, o comprometidos sólo de dientes para afuera? Para no ir más lejos, ¿cómo pueden seguir perteneciendo a un organismo como la ONU? Una organización corrupta hasta la médula, aunque eso sí, ¡CON MUY BUENA IMAGEN! No estoy hablando sobre el escandaloso caso de corrupción en el programa “Petróleo por Alimentos”, sino de sus inicios vergonzosos en contraste a lo que los medios sionistas se han encargado de propagar para posicionarla como una organización cuyo principal objetivo es hacer el bien, cuando en realidad, fundada sobre terrenos sionistas, fue creada con el único propósito de dar un supuesto carácter legal al infame robo de tierra palestina y funcionar como un parapeto absurdo que pese a lo ridículo que pudiera sonar, les ha funcionado. La ONU y su famoso consejo de seguridad sirven para dos cosas, y el mentado derecho de veto es el principio más absurdo que puede existir hablando de derecho internacional, máxime cuando Estados Unidos lo utiliza demasiado a menudo como una burla déspota y prepotente para solapar el espíritu genocida de la política de Israel. Como dijo Econ Verlag, “Las Naciones Unidas hacen gala de una vocación democrática universal pero, en los hechos, no son más que una auténtica dictadura ejercida por grandes potencias, mediante su derecho de veto y poderío económico, financiero y militar”. Y como casi todos los países se fingen miopes y velan únicamente por sus propios intereses, quieren seguir perteneciendo a dicha organización, con una actitud por demás tibia en el actuar, o más bien en el no actuar, aunque esto los convierta en cómplices y, en muchos casos, en futuras víctimas.

¿Ya olvidamos lo que sabiamente dijo Mahatma Gandhi? “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”.

¿Qué pasaría si uno a uno, los países del mundo exigieran que desapareciera el antidemocrático derecho de veto, bajo la premisa que de no suceder se retirarían de dicha organización? Claro que todos tendrían que hacerlo al mismo tiempo, porque entonces los victimarios y depredadores no podrían amedrentar al mundo entero. Entonces veríamos inequívocamente que los únicos que seguirían asistiendo a las asambleas serían una alianza sionista que mientras juega un papel de eterna víctima se aferra a que le otorguen impunemente licencia para matar.

¿Alguna vez entenderán los gobernantes de cada país que se mantiene en una zona de confort al margen de los problemas internacionales que como reza el dicho, “tanto peca el que mata a la vaca como el que le agarra la pata…”?

Lucy Davidowicz, la decana en literatura sobre el Holocausto, fue una “aguda critica de Israel”. En 1953 sentenció que Israel no podía exigirle indemnizaciones a Alemania mientras evadía su responsabilidad por los palestinos desplazados: “La moralidad no puede ser tan flexible” http://www.counterpunch.org/2002/12/23/51-documents/ , pero desafortunadamente y contra toda lógica y justicia vemos que en la realidad los sionistas “ni siquiera los verdaderos judíos” han monopolizado la victimización y el sufrimiento como si los palestinos, los sirios, los indios pieles rojas, los africanos, los gitanos y todos los demás grupos étnicos del planeta fueran animales de tercera categoría, y sólo ellos tuvieran derecho a explotar al resto del mundo por un sufrimiento del que incluso ellos mismos fueron cómplices. Baste con mirar los 51 documentos publicados por Lenni Brenner que denuncian la confabulación entre los movimientos sionistas y nazis, tan cercanos y parecidos que es difícil distinguirlos.

Por su lado, Noam Chomsky sugirió́ que los “partidarios de Israel” fuesen llamados “partidarios de la degeneración moral y destrucción final de Israel”.

Como nos lo ha expuesto un gran analista de política internacional: “No fue la supuesta debilidad y aislamiento de Israel, no fue el miedo a un “segundo Holocausto”, sino más bien la demostrada fuerza de Israel y su alianza estratégica con los EE.UU. lo que impulsó a las elites judías a poner en marcha la industria del Holocausto después de Junio de 1967.

“La época en que los Estados Unidos brindaron el menor apoyo a Israel fue cuando el Holocausto estaba más fresco en la mente de los lideres norteamericanos – durante los primeros veinticinco años después del fin de la guerra… La ayuda norteamericana cambió de un goteo a un torrente no cuando Israel era percibido como débil y vulnerable, sino después de que demostró́ su fuerza, en la Guerra de los Seis Días.”

Sin embargo, entre los grupos que denuncian su victimización, incluyendo a negros, latinos, americanos nativos, gays y lesbianas, solo los judíos no se encuentran desfavorecidos en la sociedad norteamericana. De hecho, las políticas de identidad y El Holocausto se han consolidado entre los judíos norteamericanos, no por un status de víctimas, sino porque no son víctimas.

A medida en que las barreras antisemitas cayeron rápidamente después de la Segunda Guerra Mundial, los judíos accedieron a una preeminencia en los Estados Unidos. De acuerdo con Lipset y Raab, el ingreso judío per cápita es casi el doble del de los no- judíos; 16 de los 40 norteamericanos más ricos son judíos; 40% de los Premios Nobel norteamericanos en ciencias y economía son judíos; así como lo es el 20% de los profesores en las principales universidades y el 40% de los socios en los estudios jurídicos más importantes de Nueva York y de Washington.

Y la lista continúa. Lejos de constituir un obstáculo para el éxito, la identidad judía se ha convertido en la corona de dicho éxito. Así́ como muchos judíos mantuvieron a Israel a una distancia prudencial mientras Israel constituyó una carga y se convirtieron en sionistas renacidos cuando se convirtió́ en una ventaja, del mismo modo mantuvieron su identidad étnica a prudente distancia mientras la misma constituyó una desventaja y se convirtieron en judíos renacidos cuando se convirtió́ en ventaja.

Para la judería norteamericana organizada, esta histeria artificial acerca de un nuevo antisemitismo sirvió múltiples propósitos. Aumentó el valor bursátil de las acciones de Israel como refugio de última instancia, como si los judíos norteamericanos hubiesen necesitado tener un refugio así. Más allá de eso, “De acuerdo con la mayoría de las personas del establishment judío, lo importante es enfatizar una y otra vez los peligros externos que amenazan a Israel… El establishment en Estados Unidos necesita a Israel sólo como la víctima de un cruel ataque árabe. Para un Israel así́ se puede conseguir apoyo, donantes, dinero…

Como veremos, la explotación por parte de la industria del Holocausto de las “desamparadas víctimas del Holocausto” es la más reciente, y probablemente la más fea, manifestación de este cinismo.

El invocar al Holocausto fue, por lo tanto, una maniobra para deslegitimar toda crítica de los judíos: cualquier crítica solo podía surgir de un odio patológico. Sin embargo, en la realidad, hoy podemos ver a todas luces que calificar al estado de Israel como un Estado ilegal de políticas genocidas no es producto de un odio patológico, sino de abrir los ojos y mirar lo que ha venido sucediendo desde su creación. Y seremos muy pocos los que alcemos la voz para denunciar la complicidad de las organizaciones internacionales y las naciones socias de los intereses sionistas, y muy pocos los que quieran hacer algo al respecto, por lo que aplaudo una vez más las acciones adoptadas por Venezuela y exhorto al resto de los países que se consideran éticos y responsables a seguir su valeroso ejemplo, ya que recordando una famosa cita, “Si no eres parte de la solución, eres parte del problema”.

Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.

 

 

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