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DANZA ORIENTAL, DANZA DE PODER

En el antiguo Egipto no solo se bailaba en los templos, sino también en los festivales, los banquetes e incluso para acompañar a los muertos en su camino al más allá.

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Por: Giselle Rodriguez*
Quienes han presenciado un espectáculo de danza del vientre en algún restaurante o centro nocturno, o quienes han practicado o practican esta danza, coinciden en algo sobre ella: es hechizante. Sin embargo, como maestra y practicante de este estilo de baile desde hace 10 años, estoy convencida de que, en primera instancia, es una danza de poder, puesto que te ayuda a entrar en contacto con cada parte de tu cuerpo hasta llegar a tu yo interior y, con la práctica, te fortalece, sanándote y embelleciéndote en el proceso tanto espiritual como físicamente, hasta llegar a convertirse en un vehículo de expresión de tus pulsiones vitales más íntimas.
En los países árabes quienes deciden dedicarse profesionalmente a ella desafían las convenciones sociales, que tienden a ser muy conservadoras en lo referente a la modestia y conducta de la mujer. Pese a ser mal vistas por el grueso de la sociedad en la región, existen varias bailarinas locales que mantienen vivo este arte milenario, resistiendo con su danza el avance del Islam en el imaginario colectivo y el proceso de formación de identidades.
Es así como surge la dicotomía en la que la danza del vientre es detestada por ser considerada provocativa e inmoral y a la vez amada por ser parte de la cultura de varios países de Oriente Medio y el norte de África, siempre asociada con momentos felices y festivos.

Recientemente el ulema Mohammad Abdullah Nasr, graduado de la prestigiosa Universidad islámica de Al Azhar, dio un espaldarazo a las “belly dancers” al afirmar que la danza del vientre es permisible en el Islam y que quienes se niegan a verla como arte deben presentar pruebas.
¿ES SENSUAL? ¡Naturalmente! La danza del vientre es de las pocas que permite a la mujer (y al hombre) expresarse con cada parte de su cuerpo, no solo la cadera, los hombros, o las piernas, sino también el vientre, el pecho, las manos, los brazos e incluso el cabello. Por otro lado las bailarinas profesionales no sólo mueven su cuerpo al compás de la música, sino que con su actitud y expresión facial también transmiten el significado de la letra y el ánimo que corresponde a la pieza.
¿ES UNA DANZA EXCLUSIVAMENTE FEMENINA? No, los hombres ejecutan la danza del vientre desde al menos la época del imperio otomano y siguen bailando en Egipto, Turquía y Marruecos en la actualidad.
¿ES UNA DANZA SAGRADA? Hay opiniones divergentes sobre el tema. Después de escribir el libro “Danza Oriental en Egipto”, que reconstruye la historia de la “danza del vientre” desde la época faraónica hasta la actualidad, llegué a la conclusión de que si bien es cierto que pudo haber tenido su origen en los rituales del antiguo Egipto, al menos desde el siglo VII ha sido ejecutada más como forma de entretenimiento que con fines espirituales.
¿ES UNA DANZA MILENARIA? Sin duda. A lo largo de la historia hay múltiples representaciones pictóricas, escultóricas, en relieves, relatos de viajeros occidentales y, más recientemente, fotografías y películas, que dan cuenta de su existencia y evolución sobre las cuales hablo en mi libro.

En el antiguo Egipto no solo se bailaba en los templos, sino también en los festivales, los banquetes e incluso para acompañar a los muertos en su camino al más allá, mientras que en la época mameluca los gobernantes tenían orquestas conformadas por cantantes y bailarinas esclavas.

En el siglo XIX había dos tipos de entretenedoras en Egipto: las ghawazee, que bailaban en las calles y los festivales, y las awalim, que no sólo bailaban sino que también cantaban, tocaban instrumentos y recitaban poesía principalmente para audiencias femeninas en celebraciones privadas como casamientos y festejos por nacimientos.
El término de “danza del vientre” fue acuñado por la prensa cuando el público occidental entró en contacto con este baile por primera vez en las Exposiciones Universales de París y Chicago. Sin embargo, su nombre correcto es “raqs sharqi”, que significa danza oriental. Este término fue utilizado por primera vez en la publicidad de los casinos de la bailarina libanesa Badia Masabni en la prensa egipcia del siglo pasado.
En el siglo XX el cine egipcio de la época de oro contribuyó a su difusión y popularización y convirtió en estrellas a muchas bailarinas, como Samia Gamal, Tahiya Carioca, Naima Akef, Souhair Zaki, Fifi Abdo y Dina, por nombrar sólo a algunas.

En la actualidad, bailarinas de distintas nacionalidades trabajan en centros nocturnos, hoteles, restaurantes y canales de televisión en países como Egipto, Líbano, Emiratos Árabes Unidos y Marruecos. Y la “fiebre por el belly dance” en Occidente, que comenzó en los años 70, ha posibilitado su enseñanza en múltiples países, en donde se practica con mayor o menor apego a la versión “auténtica”, dependiendo de las influencias artísticas de la ejecutante y su grado de profundización no sólo en la técnica de la danza, sino también en la cultura y música árabe.
En Latinoamérica múltiples factores contribuyeron a su popularización, entre ellos las migraciones libanesas, la telenovela “El Clon” de la cadena brasileña O Globo (en la que la danza del vientre estuvo presente en varios capítulos), y la cantante colombiana Shakira, una de las primeras en utilizar movimientos de esta danza en sus presentaciones.
Es una pena que en Egipto la expresión “hijo de bailarina” siga siendo un insulto. Ya sería hora de que Egipto reconociera a la danza oriental como parte de su bagaje cultural, contribuyendo con ese solo gesto a su supervivencia y difusión.

*Giselle Rodríguez es la autora del libro Danza Oriental en Egipto. Ha trabajado como editora, periodista y traductora para las agencias de noticias Bloomberg News y The Associated Press y los diarios mexicanos El Universal y El Economista. Tomó clases de danza oriental en Egipto, España y México y es profesora desde hace 10 años en su escuela de danzas árabes Estudio Giselle Habibi en la Ciudad de México. También ha estudiado canto con profesores árabes, historia del arte en el Instituto Cultural Helénico y egiptología en la Universidad Autónoma de Barcelona a través de la plataforma Coursera.
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La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – México, enero del 2017
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Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.