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SALAH AD-DIN / SALADINO

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ÁRABES EN LA HISTORIA – ṢALĀḤ AD-DĪN – SALADINO- Sultán de Egipto y Siria, conquistador de Jerusalén y unificador del Medio Oriente

La Voz del Árabe(LVÁ) – Cd. de México, enero 9 del 2017– Salah al-Din Yusuf; cuyo nombre completo era Al-Nāsir Salāh ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb Tikrit, mejor conocido como Saladino en Occidente, nació en Tikrit, actual Irak en 1138 en el seno de una familia kurda. Piadoso desde su juventud se unió a su padre Najm ad-Din Ayyub y a su tío Asad al-Din Shirkuh en la carrera de las armas al servicio de Imad Ad-Din Zengi bin Al Sunqur, gobernador turco quien unificó el norte de Siria e Irak. A consecuencia de sus victorias, el padre de Saladino obtuvo el gobierno de Baalbeck, y después de que su familia apoyó al emir Nur el-Din como sucesor de Zengi, fue recompensado con la gubernatura de Damasco. A su vez, el tío Shirkuh se convirtió en Comandante del ejército al que acompañó Saladino, quien tuvo una papel relevante en las expediciones que, entre 1164 y 1169, Nur el Din envió a Egipto en apoyo del visir Shawar del califa fatimí Adheh Ledinillah (Al-‘Ādid) de Egipto, que fue depuesto por su rival Dirgham, así como para defender el territorio de los ataques de Amalarico I (Amaury) rey de Jerusalén.

Tras la restitución del visir, el ejército al mando de Shirkuh permaneció en Egipto y el 18 de enero de 1169 fue nombrado gobernador y representante del sultán sirio, pero falleció poco después y Saladino lo reemplazó como Visir y comandante de las tropas sirias en Egipto. Con esta designación Saladino se apegó más a la religión, tuvo que sortear una situación difícil con su creencia sunita en un Egipto chiita, reorganizó el ejército con elementos sirios y kurdos, enfrentó la fallida campaña de Amalarico en su asalto a Damieta; y debió equilibrar sus lealtades entre sus dos señores, al-Adid y Nur el-Din. Por otra parte, Saladino fundó mezquitas y madrazas sunitas, y con la tolerancia obtuvo el apoyo de coptos y judíos, claves en el rubro de la economía, y Egipto recuperó su lugar como centro de la vida intelectual.

En 1170, Saladino lanzó sin éxito una campaña contra el Reino de Jerusalén y por otra parte evitó participar en un ataque combinado con Nur el-Din contra el Krak de los Caballeros, para no tener que ver a uno de sus amos, que le ordenaba por instrucciones del Califa de Bagdad disolver el Califato fatimí, sin embargo sólo tuvo que tener paciencia pues el 17 de junio de 1171 falleció el sultán a quien sustituyó. Abolió el califato fatimida shiita, proclamó el regreso del Islam sunita a Egipto, se convirtió en el único gobernante del país y fundó la dinastía Ayubí (hay autores que señalan que fue fundada diez años después), si bien era vasallo de Nur el-Din, quien recelaba del poder de su lugarteniente, en la práctica era independiente y, a través de sus parientes, ocupó Cirenaica en 1172 y al año siguiente conquistó el norte de Nubia, tras la cual siguieron las del resto de Libia, Yemen y la zona costera del Mar Rojo y las ciudades de La Meca y Medina.

Nur el-Din falleció en 1174 y Saladino lo reemplazó al desposeer al heredero, el infante As-Salih Ismail al-Malik; salió ileso de la conspiración de la secta de los asesinos y victorioso en sus enfrentamientos contra los Cruzados en Hama y Homs, y de las fuerzas combinadas de Alepo y Mosul organizadas por Saif al-Din dirigente de los zénguidas. Obtuvo la victoria en Alepo el 13 de abril de 1175 que también conllevó a que los consejeros de as-Salih reconocieran su dominio sobre Damasco y otras importantes poblaciones.

Tras la invasión de Damasco por los Cruzados en 1177, Saladino luchó en Ascalón y fue sorprendido en Tell Jezeren donde sufrió una derrota por parte de Balduino IV, rey de Jerusalén, en la batalla de Montgisard que salvó la toma de Jerusalén por los musulmanes. A principios de 1178 Saladino se volvió a enfrentar contra las tropas de Balduino a las que derrotó en la Batalla de Marj Ayyun y un año después obtuvo una victoria clave en la Batalla del Vado de Jacobo.

En 1183, Saladino regresó a Damasco tras conquistar Edesa, Amida y Direrbekir; lograr la sumisión de Mosul, Alepo y de todos los sultanes y emires de Mesopotamia que se habían convertido en aliados o tributarios suyos. El califa de Bagdad an-Nasir le dio en nombre del Profeta la soberanía de los territorios conquistados por sus armas que incluían, además de Egipto, Siria y el norte de Mesopotamia, a Hiyaz, Yemen, y la costa del norte de África hasta la frontera de Túnez. En consecuencia Saladino fue proclamado sultán de El Cairo y de Damasco y adoptó el sobrenombre de Salah el Din, pues se le conocía con el nombre de Yusuf. Gradualmente su reputación creció como un líder generoso y virtuoso, pero firme, alejado del engaño, la ostentación y la crueldad.

La Guerra Santa entre musulmanes y cristianos tuvo la parte culminante en 1187 cuando Saladino invadió el Reino de Jerusalén y enfrentó al rey Guido de Lusignan, a quien derrotó en la Batalla de Hattin, tras lo cual conquistó Galilea y Samaria, tomó Accre, Arsuf, Nazaret, Cesarea y Haifa, a la que siguieron, Sidón, Beirut y Biblos, y el 2 de octubre de 1187 se rindió Jerusalén. Saladino en un acto de generosidad perdonó la vida a todos los habitantes, aunque sus emires exigieron que pagaran impuesto por persona; dio muerte a su más férreo contrincante: Reinaldo de Châtillon, pero liberó al rey cuando le entregó la ciudad de Ascalón, y finalmente pudo ingresar a la mezquita de Al-Aqsa y entregó los sitios sagrados cristianos a sacerdotes ortodoxos.

Saladino enfrentó la Tercera Cruzada que se prolongó de 1189 a 1192 que no logró reconquistar Jerusalén aunque fue vencido por el rey Ricardo Corazón de León en Jaffa, lo que llevó a la suscripción de un tratado de paz, por el cual la Ciudad Santa permanecería bajo control musulmán, pero los cristianos podrían hacer peregrinaciones. El 4 de marzo de 1193 falleció Saladino y se convirtió en leyenda. Para los musulmanes fue uno de los máximos exponentes del esplendor de la civilización islámica, para los cristianos se convirtió en uno de los más grandes guerreros de todos los tiempos, con grandes valores de justicia y administración y convirtió a Egipto en el más poderoso Estado musulmán.

Tumba de Saladín en Damasco, Siria.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.

 

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