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Por: Nouhad Mahmoud

La Voz del Árabe (LVÁ)- Cd. de México, enero 16 del 2017 – El Universal – A pesar de todos los horrores cometidos durante el año 2016 en Siria, Irak y otros países de Medio Oriente, y con todos los cambios en las alianzas y el equilibrio de poder entre los partidos, nada concluyente sucedió para terminar los conflictos o llevar las guerras hacia una dirección definitiva.

El grupo terrorista Estado Islámico (EI) ha sufrido muchas derrotas en Ramadi, Falluya y el distrito de Anbar, en Irak. Perdió Manbej y Tadmor (Palmira), en Siria y recuperó la segunda en diciembre. Grandes áreas en el norte de Siria se liberaron de su dominación por las fuerzas kurdas o por los combatientes de la oposición Siria proturca. El EI sigue luchando en Mosul después de tres meses de ataques coordinados. Todavía está en control de la capital del Jilafat, Al-Raqa y sus alrededores.

Los poderes externos, que justificaron su participación en el conflicto al elevar el eslogan de la lucha contra el terrorismo, no demostraron una determinación significativa en el campo de batalla.

Los rusos anunciaron la retirada de su impresionante fuerza naval después de inclinar la balanza a favor de Bashar al-Assad sin afectar al EI seriamente. La caída de Aleppo ante el eje Moscú-Damasco-Teherán no puso fin a la guerra siria. El cese del fuego se está llevando a cabo bajo supervisión y garantías ruso-turcas. El Kremlin está tratando de invertir su éxito militar en un proceso político que comenzará pronto en Astana, Kazajistán.

El régimen sirio y sus partidarios iraníes no mostraron entusiasmo por los esfuerzos de paz. En el valle de Barada y en el este de Ghouta, cerca de Damasco, la ofensiva militar continúa. El ministro de Relaciones Exteriores de Siria, Walid Moullem, calificó las declaraciones sobre una solución política de “absurdas”. Los iraníes criticaron a Rusia por aceptar la resolución 2328 (2016) del Consejo de Seguridad, que legalizó el alto al fuego después de la retirada de los combatientes de la oposición de Aleppo oriental.

La República Islámica siente la necesidad de consolidar sus ganancias e influencia en cuatro capitales árabes: Bagdad, Damasco, Beirut y Saná. El aliado ruso parece desinteresado en la implementación de la agenda iraní en la región. Incluso en Siria, mientras Moscú está dispuesta a proteger la estructura del Estado y sus instituciones, Teherán está preocupada principalmente en mantener a Al-Assad como presidente a cualquier precio, siendo instrumental a su proyecto.

La desconfianza entre Moscú y Teherán es mutua. Los rusos sospechan que un acuerdo secreto entre Irán y la administración de Barack Obama en EU estaba detrás del acuerdo nuclear del año pasado y la expansión iraní en la región sin ninguna oposición estadounidense.

Los iraníes temen un posible acuerdo sobre la región entre los presidentes Putin y (el electo de EU) Donald Trump, que estaría en contra del imparable plan iraní para el cambio demográfico en el Levante. Los próximos meses aclararán la imagen del futuro de la región.

El papel turco, en coordinación con Rusia, dependerá también de la relación con Wa-
shington. La larga alianza entre Turquía y Estados Unidos sufrió por la fría relación entre los presidentes Recep Tayyip Erdogan y Obama. En Ankara están buscando reanudar su sólido y estratégico vínculo con Washington después del 20 de enero.

La escalada de la confrontación entre las fuerzas turcas y los combatientes kurdos del PKK fue un desvío importante en la política del presidente Erdogan en Siria. Turquía está concentrando sus esfuerzos últimamente en limitar la influencia y las ganancias kurdas en su frontera sur. Es un asunto de interés y seguridad nacional de enfrentar y sofocar las ambiciones kurdas en Siria, para evitar que se conviertan en un problema interno para el Estado y la sociedad turca.

Después de seis años de la crisis siria, y en vísperas de renovados esfuerzos políticos los sirios, el gobierno y la oposición, son marginados. En Damasco, Al-Assad está apenas al mando de sus fuerzas e instituciones. Los rusos y los iraníes son los que están al mando ahora. El mandatario sirio depende de ambos, aunque tiene más confianza en los islamistas iraníes que lo consideran instrumental en su plan regional. La oposición siria está fragmentada como siempre y se convirtió en un instrumento en las manos de jugadores internacionales y regionales. Los sueños del pueblo sirio de democracia, libertad y dignidad se convirtieron en un viejo recuerdo que resurge en las calles de las ciudades devastadas cada vez que los ciudadanos tienen la oportunidad de manifestarse contra su régimen o contra los extremistas que dominan su vida de manera más excesiva que el dictador.

Este año definirá el curso de muchos conflictos en Medio Oriente, Siria, Irak, Palestina, Líbia, Yemen y otros que están entre las cuestiones que se ciernen sobre la administración Trump. Estados Unidos tiene su influencia incluso en ausencia, como fue evidente durante los años de Obama. Mucho dependerá de las decisiones tomadas por Washington en los próximos meses y muchos están viendo desde el este de Asia a América Latina el nuevo enfoque de la administración a sus problemas.

La complejidad de la geopolítica de Medio Oriente necesita una consideración diferente para las necesidades y aspiraciones de su gente, además de sus recursos naturales y su riqueza, para evitar nuevas guerras y miseria.

El autor fue embajador de Líbano en México entre 1999 y 2011nouhad47@yahoo.com

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Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.

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