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9 DE FEBRERO, DIA DE SAN MARON

San Marón es el fundador y santo patrono de los maronitas, un cenobita de la Iglesia de Antioquía del siglo IV, cuya fiesta se celebra todos los años el 9 de febrero. Esta ocasión en México lo celebra el 19 de febrero.

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La Voz del Árabe (LVÁ) – Cd. de México, febrero 5 del 2017 – Con motivo del festejo de San Marón, patrono de la Iglesia Maronita, que se llevará a cabo el domingo 19 de febrero en la Cd. de México, que se llevará a cabo en el Centro Libanés de esta ciudad, LVÁ entrega a sus amigos católicos maronitas y público en general este pequeño homenaje de la Historia de San Marón. Esperamos sea bien recibido y de su completo agrado.

SAN MARÓN, 423 d.C., fue un monje anacoreta sirio, abad en San Ciro y fundador del rito católico oriental que lleva su nombre, la Iglesia Católica Maronita. Se estableció en una ermita del Amanus occidental, formó con algunos discípulos el primer núcleo de la Iglesia maronita.

San Marón fue uno de los primeros evangelizadores de la región de Fenicia, que por el siglo IV conservaba sus ritos y religión pagana; la influencia de este gran asceta dio como resultado, el que sus discípulos fundaran algunos años después, verdaderos enclaves de evangelización en Monte Líbano.

San Marón siguió a Dios con una fe a toda prueba, por lo que su fama de santidad pronto se extendió por gran parte de la región de Siria. Tuvo en vida numerosos seguidores que quisieron abrazar la vida de austeridad, soledad y oración, que él proponía.

San Marón nació en Siria; hombre humilde, que un día oyó la voz de Dios, aceptando inmediatamente el desafío que significaba seguirle.

San Marón, no solo fue ejemplo, sino que además fue para aquellos hombres un líder lleno de sabiduría y del Espíritu Santo, que supo dar sentido a cada acción, con inflexible disciplina. Alcanzó en vida fama de santidad en incluso realizó milagros de curación y conversión.

Sus virtudes fueron ampliamente conocidas: justicia, templanza, castidad y trabajo duro, semillas que él mismo plantó en otros, quienes se convirtieron en el campo fértil, que llevó a Dios numerosas vocaciones, que serían tiempo después labradores diligentes y sabios, que harían florecer la Montaña de Líbano en la fe sólida y verdadera de nuestro Señor Jesucristo.

San Marón, patrono, protector e inspirador de la Iglesia Maronita, nunca tuvo la idea de formar una Iglesia; sino, más bien, quiso iniciar dentro de la Iglesia de Antioquía un camino especial de santidad, inspirado en el Evangelio donde Cristo es “el camino, la verdad y la vida”. Su vida relatada con pocas líneas por el historiador eclesiástico Teodoreto, obispo de Ciro, se resume en pocas palabras: fidelidad a Cristo, siguiendo los consejos evangélicos, fidelidad a la Iglesia de Cristo, defendiendo heroicamente a su Cabeza visible el Obispo de Roma y fidelidad a las santas tradiciones de la Iglesia Oriental, llevando una vida de ermitaño en la cumbre de una montaña, cercano al pueblo de Kfar Nabo, donde estaba erigido un templo al dios pagano Nabo, que él transformó en un templo cristiano para adorar al verdadero Dios.

San Marón es el fundador y santo patrono de los maronitas, un cenobita de la Iglesia de Antioquía del siglo IV, cuya fiesta se celebra todos los años el 9 de febrero.

San Marón cultivó heroicamente en su vida cenobítica las virtudes evangélicas, retirado del mundo, entregándose día y noche a las oraciones, ayunos y mortificaciones. La fama de su santidad fue reconocida por San Juan Crisóstomo, en una carta dirigida a Marón, en 405, desde su exilio en el Cáucaso. Me permito reproducir el texto resumido de esta carta llena de emoción espiritual, para la edificación nuestra: “A Marón, presbítero y solitario, unidos por los lazos de amor lo tenemos presente entre nosotros. Los ojos de la caridad son de tal vigor que las distancias lejanas son impotentes de debilitarlos, con el pasar del tiempo. Desearíamos escribirte con frecuencia pero por varias dificultades se nos hace difícil. Te escribiremos cuantas veces se nos está permitido para decirte que nosotros nunca te olvidamos y donde estemos estrás en nuestra alma. Procura notificarnos sobre tu salud, para que aun separados por el cuerpo tengamos el consuelo de saber que estás bien, esto nos fortifica en nuestra soledad. Ante todo te ruego que reces a Dios por mí”.

El mérito de San Marón no fue solamente haber llevado una vida de perfección individual, sino también por haber atraído hacia él a muchos jóvenes que imitaron su ejemplo de santidad que después de su muerte, acontecida en el 410 d.C., continuaron llevando una vida monástica comunitaria en una montaña de Siria, en el famoso Convento de San Marón, cuna de la formación de la futura Iglesia Maronita, jerárquicamente instituida en el Líbano en el año 685 d.C., por San Juan Marón su primer patriarca. “El ejemplo arrastra y la santidad se difunde. En vida de San Marón y después de su muerte se incrementó la vida contemplativa en la Iglesia. Eran muchos los que, buscando la intimidad profunda con Dios e imitando la vida de Cristo, se aislaban por todas esas montañas, viviendo en pequeñas comunidades como monjes o como ermitaños solitarios”. El mismo historiador Teodoreto escribía exclamando: “Marón embelleció el coro divino de los santos”.

Los Maronitas son los cristianos que deben su nombre a San Marón, santo hombre, rígido defensor de la fe católica de oriente. Ejemplo para muchas personas, estos fueron sus discípulos, escuchando sus enseñanzas, imitando sus virtudes, éstos fueron llamados “Discípulos de San Marón” , que después de su muerte en el año 420 d.C., crecieron mucho.

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