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EL ÁRABE QUE TRADUJO A GARCÍA MÁRQUEZ Y CORTÁZAR

Entrevista con Ali Menufi, traductor de novelas como “Rayuela” y de una antología de cuentos de Gabriel García Márquez.

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Por Nelson Fredy Padilla

La Voz del Árabe (LVÁ) – Cd. de México, febrero 20 de 2017 – Entrevista con Ali Menufi, traductor de novelas como “Rayuela” y de una antología de cuentos de Gabriel García Márquez.

¿Dónde aprendió español y cómo se conectó con la literatura hispanoamericana?

Lo aprendí primero en el Departamento de Español de la Facultad de Idiomas y Traducción de la Universidad de Al Azhar, la más antigua de Egipto (data del siglo X). Fue de las manos de un buen equipo de docentes, entre españoles y egipcios. Estoy hablando de la década de los setenta del siglo pasado (tiene 78 años de edad). Luego, España me concedió una beca para posgraduado y desarrollé mis estudios sobre la poesía española de posguerra en la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca, bajo la dirección de Víctor Gracia de la Concha (actual director del Instituto Cervantes y exdirector de la Real Academia Española).

¿La conexión de las culturas de habla española y árabe fue directa o siempre a través del filtro europeo y anglosajón?

Se supone que tenía que ser directa teniendo en consideración la herencia común hispano-musulmana, aparte de que somos socios con España, por decirlo de alguna manera, en la cuenca del Mediterráneo. No obstante, no sucedió así lamentablemente, salvo cuando se tomó la decisión de crear el Instituto de Estudios Islámicos en Madrid por parte de Egipto. A partir de allí, años sesenta, surgió el contacto directo con la cultura española. Antes no hubo tal. Por lo tanto, lo anglosajón y lo francófono fueron el punto de enlace con la cultura española al principio, y con la cultura hispanoamericana un poco más tarde.

¿Culpa del factor colonización?

Lo europeo, por la tradición colonial heredada, fue el filtro a través del cual recibimos la cultura española y la hispanoamericana, ¡incluso desde el punto de vista crítico! Esto ha condicionado nuestra aproximación a ambas culturas, aparte de otros factores sociopolíticos locales que la tergiversan. Buscábamos en la narrativa hispanoamericana, por ejemplo, nuestras raíces a través de Las mil y una noches y a través de hacer una proyección de esta cultura a nuestras circunstancias políticas con pocos márgenes de libertad.

¿Qué escritores de Colombia y Latinoamérica ha leído?

Gabriel García Márquez es el escritor que más he leído. Junto con él fueron muchos, como Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Cortázar, Borges, etc. Menciono nombres de las figuras cumbre cuyas obras han dejado huella en la zona árabe. Esta difusión siempre va de las manos de la fama y del gusto del público. Ahora bien, nosotros, los que nos dedicamos a la difusión de la cultura escrita en español, tenemos un interés en superar la fase de la narrativa del Boom latinoamericano con el fin de presentar a las nuevas generaciones.

Explíqueme el proceso de traducir una antología de cuentos de García Márquez.

La editorial que publicó mi Antología (1947-1992) fue el Consejo Superior de Cultura, institución que depende del Ministerio de Cultura en Egipto. Ha sido editada dos veces, lo cual quiere decir que hubo éxito. El método fue sencillo: buscar todos los libros de cuentos de Gabo y seleccionar varios de cada edición. Influyó también la situación interna, intentando no levantar ampollas entre los conservadores tanto religiosos como políticos.

¿En cuáles cuentos se centró?

Seleccioné trece cuentos de Ojos de perro azul, Los funerales de la mamá grande, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y Doce cuentos peregrinos.

¿Qué factores tuvo en cuenta?

La traducción de obras de García Márquez requiere mucha atención, teniendo en consideración su mundo narrativo que palpita lleno de vida, su cosmovisión, su concepto del compromiso, el marco particular (lo local) y el general… Hay dificultades que el traductor tiene que enfrentar: aceptar el desafío de la aparente sencillez y profundidad a la vez, la búsqueda ardua de equivalencias en la lengua meta (el árabe en este caso), mantener el equilibrio entre la fidelidad al texto original y hacer de la traducción una nueva creación (tarea imposible o casi), cuidar los aspectos culturales con todos sus detalles… Esta antología se publicó al principio por el Centro Nacional de Traducción. Varios años más tarde, en 2009, en una edición popular de la Dirección General del Libro. Viví momentos dulces y de desafío. En Arabia Saudita, la revista Nawafiz dedicó todo un número a los cuentos hispanoamericanos.

¿Qué opina de las cuatro traducciones que se han hecho de “Cien años de soledad”?

Cada una tiene su perfil traductor. Sin embargo, hay opiniones para todos los gustos. En este sentido se utiliza el arma de la calidad de la traducción o traducciones anteriores para justificar la nueva. Eso es normal para las figuras cumbres, como Cervantes, Tolstói…, etc.

¿Hubo mucha edición ilegal?

Las hubo antes de que se establecieran seriamente, hace mas de diez años, las legislaciones de los derechos del autor.

¿Cómo tradujo “Rayuela”, de Julio Cortázar?

Es, para mí, una de las obras cumbre desde el punto de vista de la técnica narrativa, aparte de su valor literario incuestionable. Es una provocación al lector tradicional para hacerle un creador copartícipe. Fue un desafío tremendo. Decidí tomar la iniciativa partiendo de una edición española que me ayudó a iluminar el texto. Después de tantos años (casi quince) de la publicación de Rayuela en árabe, salió otra.

¿Ahora va a trabaja en traducir al colombiano Pablo Montoya?

Mi preocupación principal de cara a la cultura árabe es intentar seguir las novedades que hay, sobre todo mediante escritores de la talla de Pablo Montoya junto a otros escritores hispanoamericanos y españoles. Atravesamos dificultades para lograr nuestros objetivos, como los problemas de los derechos de la propiedad intelectual, la falta de estudios más recientes para tener un panorama más claro, etc. Desde luego, las consejerías culturales de los países hispanoamericanos en Egipto podrían interpretar un papel importante en este marco. Este es el caso de nuestro encuentro con Pablo Montoya, que se presentó en Egipto. Dio varias conferencias en varias universidades cairotas, aparte de una charla en el Consejo Superior de Cultura, donde tuve el honor de ser el moderador. Comenzó ya el proceso de pretraducción de Lejos de Roma (novela que narra la vida en el exilio del poeta Ovidio), una de las obras más logradas de Pablo.

¿Cuál es su metodología entre leer un autor en español y traducirlo al árabe?

El marco histórico de la obra junto con las circunstancias de la misma y su valor dentro de la trayectoria del autor. Creo que hay que ser selectivo teniendo en cuenta lo anterior y la circunstancias en las que la traducción (¿una creación paralela?) se va a publicar.

¿Cuál es el futuro de la traducción de literatura en español en el mundo árabe?

Es un mercado prometedor teniendo en cuenta el diálogo entre países árabes y América del Sur, el crecimiento de los centros oficiales especializados en la traducción en el mundo árabe (Egipto, Emiratos, Catar, Arabia Saudita, Kuwait…), el interés del lector árabe por la cultura escrita en castellano pensando en lo heredado y en el presente y el futuro de la interculturalidad.

¿Cómo ha impactado la Primavera Árabe en la producción literaria de Oriente Medio?

Muchos se han lanzado para aprovechar la coyuntura de los acontecimientos con el fin de ganar fama y dinero, por supuesto. Hubo un aumento en las publicaciones. Pero hay que mantener la calma y esperar algún tiempo para ver con claridad los frutos auténticos de estas aportaciones creativas y su verdadero valor literario. Espero que no sea creación en función de las circunstancias donde al final de las mismas todas pierden su valor, incluso en el aspecto testimonial.

¿Qué opina de que en Egipto se encarcele a un novelista (caso Ahmed Naji) por publicar un capítulo de una historia de ficción?

De entrada le digo que estoy en contra de cualquier encarcelamiento de este tipo. No obstante, lo que voy a comentar no está pensado para justificar el caso que comenta. Este caso no es el único. Le cito uno que ocurrió antes de la publicación de la traducción de Rayuela, donde en Egipto hubo manifestaciones estudiantiles por parte de los alumnos de mi propia universidad. El motivo fue la publicación de una novela de un autor árabe que algún sector conservador religioso consideró como agresión a los sentimientos religiosos. Hubo víctimas, incluso un muerto. ¡Rayuela fue víctima! Modificaron un párrafo (una escena erótica existencialista) para evitar la posible protesta en el futuro. El premio nobel egipcio Naguib Mahfuz sufrió lo mismo. No fue encarcelado, sino su obra Los hijos de nuestro barrio secuestrada y se prohibió su publicación hasta hace poco. Mahfuz fue objeto de un atentado. El extremismo que lleva la apariencia religiosa es, en gran medida, responsable de ello. Espero que se normalice nuestra situación.

¿Difícil traducir literatura extranjera en un país donde opera la censura sobre obras “moralmente” no concordantes con la ley?

Sumamente difícil, sobre todo cuando la legislación vigente te permite denunciar por inmoralidad alguna obra por despreciar la religión. Desde el punto de vista oficial, no existe la censura.

¿Por qué ahora está traduciendo la “Historia del pensamiento filosófico latinoamericano” de Carlos Beorlegui?

Porque mi interés en la línea del pensamiento filosófico lo considero la base para esclarecer el trayecto cultural de América, aparte de otros campos culturales como la herencia común de nuestros correspondientes países. Y, desde luego, la mirada hacia el futuro la mantengo bien atenta.

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