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EL REGRESO DE MARRUECOS A LA UNIÓN AFRICANA

Marruecos jamás permitirá que le sean usurpados sus legítimos derechos sobre el Sahara Occidental

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Por Román López Villicaña*

La Voz del Árabe (LVÁ) – Cd. de México, febrero 14 del 2017 – El regreso de Marruecos a la familia africana de naciones, ha sido realmente un acontecimiento y un reconocimiento más a la marroquinidad del Sahara Occidental. Nada menos que dos tercios de los países africanos lo han reiterado en su pasada cumbre en Addis Abeba. El conflicto del Sahara Occidental ha embarcado a Marruecos en un conflicto que no tendría ninguna razón de ser, y que solo existe y continúa empantanado debido a la intransigencia de Argelia, que no cede en su ambición de tener un estado títere en esa región, que le permita una salida libre al océano atlántico desde el sur de su territorio.

Marruecos jamás permitirá que le sean usurpados sus legítimos derechos sobre el Sahara Occidental, tal y como el colonialismo franco-español le arrebataron territorios durante el siglo XIX y XX. Baste recordar que la autoridad de los sultanes de Marruecos se extendía hasta Brakna y el Adhrar cuyos emires por siglos presentaron Bayaa al Sultán marroquí. (Cabe destacar, que la pleitesía medieval es un compromiso mucho menor, que la Bayaa acostumbrada en el mundo islámico). Es decir que el Sultán ejerció antes del colonialismo europeo, soberanía sobre amplios territorios en el Sahara.

Todavía hoy se sigue tomando como ejemplo de adquisición de territorio, en los tratados de geopolítica, el tratado de Madrid de 1975, que regresó ese territorio colonizado por España a su dueño legítimo Marruecos[1]. Lo acontecido desde el tratado tripartita, ha sido ocasionado por la mal llamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y su sostén Argelia, que no desea a nadie que pueda frenar sus tendencias hegemónicas en el Magreb. A Marruecos le ha costado muchísimo dicho conflicto, pues ha tenido que distraer recursos importantes para su desarrollo, hacia una carrera armamentista a la que lo ha llevado Argelia. Sin embargo, dicho conflicto ha funcionado como un estímulo externo para Marruecos, que ha visto fortalecer su nacionalismo, y le ha dado unidad a su pueblo en torno a liderazgo político, que lucha por reestablecer la unidad del país. En esto Marruecos se asemeja a China en su lucha por lograr la unificación del país, luego de que Japón ocupara colonialmente la isla de Taiwán.

Marruecos pues, regresa triunfante a la Unión Africana, la que abandonó siendo la Organización de la Unidad Africana (OUA) en 1984, cuando todavía la URSS parecía un bloque sólido; Sudáfrica retiraba sus tropas del sur de Angola luego de su derrota a manos de los cubanos, también acordaba con la SWAPO en Namibia una tregua que llevará a la independencia de ese territorio. El comunismo parecía sólido, por lo que muchos africanos apoyaron a la Argelia “socialista” y su títere la RASD, en la OUA. Hoy el mundo ha cambiado, la OUA ha dejado de existir, el bloque socialista no existe más, muchos de los dictadores africanos que apoyaron a la RASD, y que se escondían sus ambiciones políticas, tras un velo socialista, se han ido o han muerto. La guerra fría ha concluido, y el mundo parece encaminarse hacia un mundo multipolar.

Bajo este nuevo esquema, Marruecos, que ha trabajado muy de cerca con muchos estados africanos amigos, ha vuelto y le han dado la más cordial bienvenida a la Unión, es de celebrarse tal triunfo diplomático.

Este ejemplo debería de servir a México, para que retire a los diplomáticos de la RASD, que nunca ha sido ni República ni democrática, sino un vil edifico en Argel. Deberíamos de apoyar a que nuestro país, deje en manos de la ONU, la solución de este conflicto que solo ha entorpecido el desarrollo normal de nuestras relaciones con los países del Magreb, países con los que deberíamos de tener un activo comercio, ahora que parecen cerrarse nuestras opciones hacia el norte.

[1] Mellor, Roy, E, H., Nation State and Territory, (London: Routledge, 1991) p. 56

*Román López Villicaña – Profesor UDLAP

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Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.