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EL HAJJ – EL QUINTO PILAR DEL ISLAM

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Por Laura Tejeda Maza

La Voz del Árabe (LVÁ) – Cd. de México, marzo 17 del 2017 – El Hajj es el quinto pilar del islam y corresponde al gran peregrinaje a La Meca, el cual se lleva a cabo entre el octavo y decimotercer día del decimosegundo mes del año musulmán. A pesar de que es un acto religioso de fe y devoción, desde hace siglos se ha instrumentalizado para fines políticos, quitándole su esencia religiosa.

Es en el año 630 de nuestra era que el Profeta Mohammed da inicio al ritual del peregrinaje hacia La Meca. A este fin, La Meca sustituyó Jerusalén como dirección hacia la cual se debe dirigir el rezo.

Desde principios de la dinastía Omeya (661-750), el prestigio que los gobernantes adquirían de toda manifestación de fe era utilizado para legitimar su poderío, por lo que el Hajj desde entonces fue aprovechado por los soberanos como una ocasión para mostrar su autoridad en el mundo islámico. Éste pasa a través de la organización de caravanas para asegurar la seguridad de los peregrinos, como lo hacían los regentes de Egipto, Siria, Yemen e Irak. Cabe mencionar que cuando delegaban esta tarea siempre lo hacían a favor de un aliado político y no a favor de una figura religiosa.

Anteriormente, el Hajj era una travesía que duraba meses incluso años, la cual implicaba todo tipo de peligro como bandidos, tormentas de arena, inundaciones, riesgo de desorientación y de quedar sin agua en el desierto. Por lo anterior, los peregrinos debían traer consigo armas y suficiente dinero o estar dispuesto a trabajar durante el trayecto. Asimismo, estaban sujetos a la generosidad de la gente para la comida, el agua, así como para tener un lugar donde descansar. Por todo esto, es por lo que el quinto pilar del Islam debe ser realizado por todo musulmán que pueda tanto en cuestión física como en cuestión financiera, al menos una vez en su vida. Además de las caravanas oficiales de cada régimen, el Hajj era llevado a cabo gracias a los mercaderes, caravaneros y marinos quienes llevaban consigo o empleaban a los peregrinos en el trayecto y les proporcionaban una cierta seguridad.

El comandante a cargo de las caravanas oficiales de peregrinos debía conocer perfectamente el itinerario, los puntos de agua y las diferentes tribus presentes en el trayecto. Ciertos regentes, como los Sultanes Mamelucos, enviaban con el comandante a cargo dinero suficiente para pagar el derecho de pasaje que exigían los bandidos del desierto, así como regalos de honor que eran distribuidos a los jefes locales para destacar el lazo existente con el estado central.

La eficacia y seguridad de las caravanas organizadas por los gobernantes musulmanes de la Época Medieval les daba un gran prestigio, dado que su legitimidad se basaba en gran medida en la religión. Por lo mismo, mostraban abiertamente y ostensiblemente su devoción y sus vínculos con la herencia espiritual. Sin embargo, con todos estos peligros, los gobernantes a menudo realizaban el Hajj únicamente por procuración, lo que significaba enviar, por ejemplo en el caso de los mamelucos, un palanquín sin ocupante, suntuosamente adornado, para que hiciese la peregrinación en su nombre.

En esta época, el Magreb era un sector esencial para la difusión de doctrinas y de corrientes religiosas musulmanas desarrolladas en Oriente, especialmente el Shiismo Ismaili y el Jariyismo, con sus diferentes ramificaciones. Debido a esta diversidad doctrinal y su difusión surgieron nuevos califatos, como el Fatimid en el año 909. La gran diversidad doctrinal y la aparición de nuevos califatos generaron una búsqueda, tanto material como metafísica, del centro sagrado del mundo para fortalecer la legitimidad del poder de los diferentes nuevos califas, por lo que el Hajj tuvo una vez más un carácter político más que religioso. A pesar de esto, las autoridades jurídicas magrebís hacían hincapié en el carácter obligatorio de la peregrinación a La Meca a través de varios escritos que detallaban el ritual del Hajj. Por lo mismo, nació un nuevo género literario, la rihla que eran relatos de viaje…

EL VIAJE DE UNA VIDA, CUESTION DE SANGRE – Hasta ahora hemos observado como la legitimidad de un gobernante en mundo islámico está sujeta a la religión, la cual es instrumentalizada a fines políticos. Por lo mismo, el mundo árabe es un mundo de sangre, puesto que los individuos deben en gran parte su rango a su genealogía. Es por esto que es común (sobre todo en Medio Oriente y el Golfo) el uso sistemático de ben (hijo de) para referirse a alguien. Sobre todo en Arabia Saudita, se utiliza con frecuencia para mencionar el padre, el abuelo, el bisabuelo y así sucesivamente innumerables generaciones. En este país, entre más prestigiosa sea la genealogía de una persona mayor será su autoridad. La descendencia más prestigiosa es sin duda alguna la de los Coraichitas o Quraysh, la cual corresponde a la tribu del Profeta Mohammed. Los Quraysh, junto con otros clanes como los beni Taïm de Abu Bakar (primer califa del Islam) y los beni Hashem de Ali (primer imam chiita y cuarto califa del Islam), componen la élite política y religiosa. Esto hasta la época del sultán otomano Selim I, quien rompe con la tradición adjudicándose el título de califa (sucesor de Mohammed) a principios del siglo XVI. Sin embargo, debido a que sus raíces no derivaban de las familias nobles del Islam nunca pretendieron ser guardianes de las dos ciudades sagradas (La Meca y Medina), dejando este rol a la dinastía de los beni Hashem.

Hoy en día, las dos ciudades sagradas se encuentran en el Reino de Arabia Saudita, siendo la Casa de los al-Saud su guardián. Más sin embargo, los al-Saud no son descendientes de los Quraysh; según un artículo del periódico suizo Le Temps de abril del 2016, los al-Saud son descendientes de un clan que, en época del Profeta, fueron cristianos y combatieron a los primeros musulmanes antes de convertirse en musulmanes jariyitas y posteriormente en musulmanes sunitas. Posteriormente, después de la Primera Guerra Mundial, la cual recordemos que le puso fin al Imperio Otomano y definió el mapa de los actuales estados de Próximo y Medio Oriente, los al-Saud y los Hachemi (de beni Hashem) se disputaban el control de la región de Arabia (actual Arabia Saudita). Sin embargo, los al-Saud contaban con el apoyo de los británicos ya que, al contrario de los Hachemi, los al-Saud no podían resucitar el califato debido a su genealogía, lo que no constituía una amenaza para los intereses británicos en la región.

Para legitimar su poder y evitar que le disputaran su legitimidad religiosa, Mohamed al-Saud, patriarca de la dinastía al-Saud, se alió con ‘Abd al-Wahhab fundador del wahabismo (destacada por su rigor en la aplicación de la Sharia y por su voluntad de expansión por el mundo, es a su vez es una corriente religiosa musulmana de la escuela Hanbalí, una de las cuatro escuelas de derechos islámico sunitas). Éste era descendiente de la tribu de los Banu Tamim, quienes de acuerdo con un hadiz (actos y palabras del Profeta Mohammed, aportados por terceros) del Sahih al-Bukhari (que es una de las seis grandes colecciones de hadices, la cual la mayoría de los musulmanes sunitas consideran que es el libro más auténtico después del Corán), el Profeta Mohammed dijo que los Tamim combatirán al anticristo al final de los tiempos, lo que resultó en el nacimiento del actual Reino de Arabia Saudita en 1920.

Para reforzar su legitimidad, según el mismo artículo de Le Figaro, los al-Saud retomaron una tesis de un famoso teólogo medieval, Ibn Taymiyya (1263-1328), la cual estipula que el privilegio de ascender al rango de califa no era exclusivo de los Quraysh, sino que también podía aspirar todo monarca particularmente poderoso ya que su poder demostraría que fue escogido por Dios, una tesis más que recurrente a lo largo de la historia mundial.

En la última década, el gobierno Saudita ha realizado varios trabajos para agrandar la Gran Mezquita de La Meca para aumentar su capacidad, así como ha desarrollado transportes e infraestructuras para facilitar el traslado de los peregrinos durante el Hajj. Asimismo, las autoridades han tomado medidas para evitar, en lo posible, cualquier tipo de accidente y, por ende, que se lleve a cabo el Hajj en las mejores condiciones.

Por otra parte, también ha realizado otro tipo de construcciones que podrían parecer favorables en el fondo pero que, sin embargo, han dejado un sabor amargo a muchos musulmanes, ya que sólo son accesibles para un puñado. Para el 2017 está prevista la inauguración del complejo hotelero más grande del mundo, nada más y nada menos que al lado de la Gran Mezquita de La Meca. Un suntuoso complejo de doce torres de cuarenta y cinco pisos, de los cuales cinco serán de uso exclusivo para la familia real saudita, con diez mil cuartos, setenta restaurante, cuatro helipuertos, un centro comercial, una terminal de autobuses, un centro de conferencias, entre otras cosas, de un costo total de construcción estimado a 3.5 miles de millones de dólares.

Por otro lado, Abraj Al-Bait, es un complejo que consta de siete rascacielos en la ciudad de La Meca, cuyas obras se completaron en el 2012. La torre del reloj de este complejo es la segunda construcción más alta del mundo (601 metros), hecho con incrustaciones de mosaicos y oro. El complejo es el hogar de de miles de habitaciones de hotel de lujo, donde el precio puede llegar a más de 5000 dólares por noche para las suites con la mejor vista de la Kaaba. Éste fue construido en un sitio donde una vez estuvo la fortaleza otomana de Ajyad, una ciudadela de piedra construida en 1781. Su demolición provocó una protesta internacional en 2002, a lo que las autoridades saudíes contestaron, según el periódico The Guardian, “Nadie tiene el derecho de interferir en los asuntos concernientes a la autoridad del Estado […] Este desarrollo es a favor de los interés de todos los musulmanes de todo el mundo”.

Sin embargo, no todos están de acuerdo, ya que la gran mayoría de los peregrinos no tienen los medios de pagar una de las habitaciones de ninguno de los dos complejos antes mencionados. Además, entrevistados de The Guardian expresaron cómo estas construcciones millonarias le quitan el carácter sagrado tanto al peregrinaje como a la ciudad misma. Irfan al-Alawi, director de la Fundación de Investigación del Patrimonio Islámico en el Reino Unido, declaró a The Guardian: “Se supone que el Hajj debe hacerse en condiciones austeras, pero se ha convertido en una experiencia cercana a Las Vegas y que la mayoría de los peregrinos no pueden permitirse económicamente […] La construcción de hoteles de lujo que ha enfrentado La Meca en los últimos años está destruyendo la santidad de los lugares”.

En las dos ciudades santas todo lo que se refiere al Profeta podría estar en la mira de la excavadora, se indigna al-Alawi: la casa de Jadiya, su primera esposa, fue arrasada para dar paso a baños públicos, la casa de Abu Bakr es ahora el sitio de un hotel Hilton, la casa de su nieto fue derribada para el palacio del rey. “Esta era la parte más histórica de la ciudad vieja”, dice al-Alawi, quien ha trabajado en vano en destacar el perfil de los sitios históricos de Arabia Saudita. Y agrega que los residentes fueron desalojados con un aviso de una semana de antelación, y muchos aún no han sido compensados. “Ahora están viviendo en los barrios pobres en las afueras de la ciudad, sin un saneamiento adecuado”. al-Alawi afirma que esta destrucción es intencional, impulsada por el wahabismo, y respaldado por el estado, ya que percibe a estos sitios históricos como el fomento de la idolatría.

La idolatría ciertamente es un pecado (y no únicamente en el Islam), ¿pero qué futuro le espera a un pueblo que borra todo vestigio de su pasado? Sin mencionar que la opulencia también es contraria a los principios del Islam, pero la cual nos recuerda los usos y costumbres de los diferentes regentes a través de la historia del Islam (y no únicamente), siendo lo sagrado un elemento a utilizar en pro del poder.

HAJJ, EL RITUAL – Desde su creación, el gobierno de Arabia Saudita es el responsable de la organización del Hajj, quien contabiliza alrededor de dos millones de musulmanes al año. Según la tradición, La Meca es la ciudad natal de Profeta Mohammed, por lo que es la ciudad más sagrada del Islam y cuyo territorio está prohibido para los no-musulmanes. Los visados para efectuar el Hajj son emitidos por las autoridades saudíes. Las condiciones de obtención implican la ausencia de sello israelí en el pasaporte y un certificado de conversión al Islam para aquellos que se convirtieron. Las autoridades saudíes pueden negarles la visa a personas provenientes de un país por diversas razones, por ejemplo, en 2014 se decidió el no otorgamiento de visa a los nacionales de Sierra Leona, Liberia y Guinea como medida preventiva en contra del virus del ébola. Este año se les negó visa a los nacionales iraníes debido a los conflictos políticos existentes entre ambos. El ritual del Hajj comprende diversas acciones que hacen referencia a figuras importantes de la historia del Islam:

PRIMER DÍA: Cuando el peregrino llega, debe de estar purificado y formular su intención de realizar el Hajj; de este modo el peregrino entra en ihram o sacralidad. Los hombres sólo deben vestir dos lienzos blancos sin costuras, quienes también se afeitan la barba y se cortan el cabello. Esta forma de vestir borra toda distinción de rango y posición, así como recuerda el lienzo en el que es envuelto el cuerpo de la persona que fallece y con el que se encuentra con el creador. Las mujeres usan ropa que cubra todo el cuerpo excepto las manos y la cara. Ambos deben igualmente lavarse y cortarse las uñas, así también les está prohibido los encuentros sexuales, los zapatos, los perfumes, etc. Una de las cosas más importantes de la purificación es justamente lo que no se ve, el evitar los malos impulsos y pensamientos, al igual que la necesidad de cosas materiales.

El peregrino da siete vueltas alrededor de la Kaaba y recorre siete veces la distancia entre Safa y Marwah (420 metros), siguiendo los pasos de Agar, madre de Ismael, quien buscaba con desesperación agua en el desierto. Enseguida, el peregrino culmina esta etapa en la fuente de agua de Zamzam, el cual es el punto en el que Agar satisfizo su sed, y el hambre de su hijo Ismael.

Después, el peregrino parte hacia Mina, que es una zona desértica ubicada a cuatro kilómetros al este de La Meca, en donde pasa la noche.

SEGUNDO DÍA: El peregrino parte hace el Monte Arafat, a 20 km de Mina, para un día de oración. Este monte es donde Mohammad dió su sermón de despedida a los musulmanes que lo habían acompañado durante el Hajj al final de su vida. También, los musulmanes creen que Adán y Eva se reunieron en este monte para recibir el perdón de Dios después de 200 años de separación debido a su desobediencia y su incapacidad para resistir el llamado de Iblis (Satanás).

Al caer la tarde, el peregrino se dirige hacia Muzdalifa, al sur de Mina, donde pasan la noche y recogen piedras para el rito de lapidación del siguiente día.

TERCER DÍA: Se realiza la lapidación del diablo, a ocho kilómetros de Muzdalifa, el cual consiste en lanzar siete piedras por cada una de las tres paredes de diferente tamaño que lo representan. El rito de lapidación evoca la acción realizada por Abraham y su familia para alejar a Iblis cuando éste se les apareció tres veces en este lugar.

Cabe mencionar que es en esta etapa del Hajj ha habido varios accidentes, ya que suele suceder que la multitud se deje llevar por sus emociones.

Posteriormente se da inicio a la Fiesta del Sacrificio o Aïd al-Adha, la cual consiste en matar un cabrito en comunidad, recordando el acto de Abraham cuando por órdenes de Dios iba a sacrificar a su hijo Ismael (según el Islam).

CUARTO Y QUINTO DÍA: El peregrino realiza los ritos no obligatorios y efectúan otras siete vueltas a la Kaaba para despedirse.

Durante toda su vida, el Profeta vivó de forma austera; con su ejemplo demostró que se debe vivir una vida sencilla, preconizando la humildad, la fidelidad y la bondad hacia los más necesitados. Asimismo, el vivir austeramente se menciona varias veces en el Corán (3:14, 57:20), así como el ser modesto (31:18-19) y humilde (25:63) en los actos.

*Laura Tejeda Maza: Licenciada en Estudios Árabes y Maestra en FLE, ambas realizadas en Francia. Políglota y redactora en tres revistas, entre las cuales se cuenta La Voz del Árabe. Aborda diversas temáticas sobre Francia y Mundo arabo-musulmán.

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