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ORIENTALISMO, ¿REALIDAD O FANTASÍA?

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Por Laura Tejeda Meza

La Voz del Árabe (LVÁ) – Cd. de México, marzo 28 del 2017 – Hoy en día existen muchas ideas falsas, malinterpretadas, prejuiciosas o verdades a medias sobre las culturas de Oriente, pero esto no es una tendencia moderna.

El Orientalismo es una corriente literaria, artística, intelectual y científica occidental del siglo XIX. Sin embargo, la fascinación por el Oriente no data de esta época, pues ésta estuvo presente en la Edad Media, las Cruzadas y al inicio del Renacimiento, así como el comienzo de las exploraciones a “otros mundos”. No obstante, el término de Orientalismo aparece hasta el siglo XIX.

   Este movimiento artístico e intelectual se caracteriza por el gran interés de Occidente por las culturas del Magreb, turca y árabe, presentes en todas las regiones que estaban dominadas por el Imperio Otomano. Cabe mencionar que la visión de lo que sería el Oriente dependía –y depende aún hoy en día– de la perspectiva de quien lo define. Por ejemplo, para los orientalistas británicos éste se extendía hasta la India, ya que la presencia de Gran Bretaña en Oriente empezó desde el siglo XVII y se intensificó en el siglo XIX.

Esta fascinación por el Oriente no sólo estuvo presenta en los círculos artísticos e intelectuales, sino que también influenció a la sociedad occidental en general. La clase burguesa y noble daban recepciones con temáticas inspiradas en la visión fantástica que se tenía de Oriente e incluso ciertas personas de grandes recursos se hacían autorretratar con vestimentas teóricamente orientales.

En la imaginación Occidental, el Oriente representa la sensualidad y el exotismo, en contraste con el Occidente brutal de principio de la industrialización. Gracias a los progresos en transportación, los escritores y pintores comenzaron a viajar. Las imágenes del Oriente que son reproducidas en sus relatos de viaje y en sus pinturas son las de un Oriente de placer, de fantasía, de opulencia y de lujo, pero también de un Oriente de grandes conocimientos y misticismo. Su atracción magnética engendró numerosas publicaciones, que a su vez exacerbaron la imaginación de otros hombres de letras en busca de exotismo.

Esta corriente comprende una serie de estilos y autores diversos. La mayoría de estos artistas nos muestran un Oriente entre la realidad y lo imaginario ya que no todos los artistas orientalistas viajaron a los países a los que sus obras hacen referencia. Uno de los artistas más destacados fue Eugène Delacroix, quien realizó un viaje a Marruecos en 1832.

Argelia fue colonia francesa entre 1830 y 1962. Así, el 11 de enero de 1832, el rey de Francia, Louis-Philippe, envió una comitiva en misión de visita de cinco meses al sultán de Marruecos, Moulay Abd er-Rahman, con el fin de conocer sus intenciones con respecto a la cuestión fronteriza entre Marruecos y Argelia. Delacroix acompañó la comitiva en su desplazamiento a Marruecos. Marruecos lo maravilló y, a lo largo de su viaje, plasmó sus observaciones e impresiones en siete cuadernillos de fácil manipulación. Los cuadernos están (porque todavía existen) cubiertos de notas, croquis y acuarelas. Todo está acumulado en desorden, incluso le sucedía dejar hojas en blanco o agarrar el cuaderno de cabeza. Las notas que escribía acompañaban la imagen, la situaban y brindaban información sobre el sujeto y la escena dibujada en forma de bocetos, los cuales retomaba y completaba posteriormente con calma en acuarela. Después de su viaje, muy apegado a sus cuadernillos, los retomó continuamente, siendo una fuente de inspiración durante toda su vida. En total, pintó 80 cuadros con temáticas de África del Norte, en las que se representan escenas del día a día, entre ellas sus obras maestras: Femmes d’Alger, La Noce Juive, Le Sultan du Marroc, Fantasia marocaine et Marocains jouant aux échecs.

El Orientalismo literario tenía a menudo como esencia temática una visión romántica del mundo, la nostalgia del pasado glorioso de civilizaciones perdidas, las cuales son uno de los principales encantos de Oriente, siendo las ruinas lugares de predilección, ya que es ahí donde se percibían los orígenes de las civilizaciones europeas. Los escritores de este movimiento cambiaron permanentemente la forma en como Occidente percibía a sus vecinos.

El siglo XIX fue el periodo en que estuvo de moda el género literario del relato de viaje. Francois-René de Chateaubriand es uno de los pioneros de este género con su obra Itinéraire de Paris à Jérusalem (1811); siendo el viaje a Oriente una etapa esencial para el escritor occidental, lo que continúa hasta principios del siglo XX, considerados como una conexión mística entre el Occidente cristiano y el Oriente bíblico.

Como se mencionó anteriormente, toda obra artística orientalista, tanto en pintura como en literatura, es susceptible de comprender elementos que reflejan tanto la realidad de la época como elementos que renvían a la percepción fantasiosa y popular sobre el Oriente. Por ejemplo, Salammbô es una novela histórica de Gustave Flauvert publicada en 1862, la cual tiene como tema central la Guerra de los Mercenarios (241-238 a.C.), en la que la ciudad de Cartago (Túnez) enfrenta la revuelta de los mercenarios tras no haber sido remunerados como convenido por su participación en favor de ésta en la primera guerra entre la República romana y la República cartaginense, o Primera Guerra Púnica. Para la realización de su libro, y con el fin de respetar la veracidad histórica, Flaubert investigó mucho sobre el tema, incluso en abril de 1858 realizó un viaje a Túnez para visitar Cartago e investigar más sobre el tema. No obstante, no había mucha información al respecto, por lo que el autor aprovecho la oportunidad para plasmar su obra en el ambiente de un Oriente exótico, sensual y violento.

Si la idealización de Oriente nutre el espíritu de los sueños, el verdadero Oriente, por su parte, decepciona a ciertos escritores y artistas, siendo el choque entre la fantasía y la realidad visto como una gran decepción. Esta desilusión dio pie a un sentimiento de agresión, de desvalorización y de aversión del Oriente, prefigurando los horrores del colonialismo europeo. Incluso, algunos de los escritores desilusionados fueron partidarios acérrimos del colonialismo.

Gérard de Nerval fue uno de los escritores desilusionados, particularmente con respecto a la imagen del “harén” y al lugar que tenían las mujeres en la sociedad, pues constató que en el Imperio Otomano las mujeres gozaban de los mismos privilegios que en Occidente en contraste con la prefiguración que tenía. La atracción y la fascinación que sentía al principio se convirtieron en hostilidad en la que las diferencias con el árabe y turco se convierten en pretextos para afirmar su identidad europea y confirmar lo que él creía que era su superioridad.

Como pudimos constatar, algunos de los relatos de viajes a Oriente son subjetivos, cuando el narrador (el viajero) se preocupaba más en confirmar su visión, sus impresiones preconcebidas del Oriente, que en conocer verdaderamente las realidades de la vida y de los habitantes de la zona.

Por tanto, la época del orientalismo fue muy furtiva e influyente en la historia de la humanidad. Si bien las producciones tanto artísticas como literarias son muy interesantes en cuestión estética, sociológica e histórica, nos demuestra también que toda información debe ser recibida con reservas, pues siempre está presente la esencia humana, la cual puede ser objetiva, subjetiva o híbrida.

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