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MEDIO ORIENTE: CRECIMIENTO Y DESCENSO ECONÓMICO Y MÉTODOS DE RECUPERACIÓN

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MEDIO ORIENTE: CRECIMIENTO Y DESCENSO ECONÓMICO
MEDIO ORIENTE: CRECIMIENTO Y DESCENSO ECONÓMICO

Por: Stephen Murray Kiernan*

El Medio Oriente ha experimentado un ciclo de crecimiento y declive durante los últimos treinta años.

El período de 1965-1985 representó una época de tremendo crecimiento económico. Este crecimiento fue facilitado por el espectacular aumento de los precios del petróleo, que estuvo relacionado con la guerra árabe-israelí de 1973 y luego con la revolución iraní en 1979.

Mientras los precios del petróleo subieron a nuevos máximos, la mayoría de los estados en el Medio Oriente se beneficiaron de los mayores ingresos. Los estados productores de petróleo (especialmente los grandes productores como Arabia Saudita, Irán, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar) se beneficiaron directamente de los elevados ingresos de exportación. Asimismo, estos estados tenían muchas oportunidades laborales para sus propios ciudadanos y para los de otros países.

Los estados no productores de petróleo en el Medio Oriente también cosecharon algunos beneficios de sus vecinos ricos. Muchas personas que vivían en los estados de poca o ninguna producción de petróleo fue a los estados productores de petróleo para ganar dinero como maestros, trabajadores de la construcción, trabajadores del campo petrolero, etc. El dinero que estos trabajadores “invitados” enviaron a sus familias fue de mayor importancia para el ingreso nacional en estados como Jordania, Egipto, Yemen y las áreas palestinas. Este dinero -gastado en sus naciones de origen- impulsó sus economías nacionales. Durante este período de crecimiento económico, estos mismos estados también se beneficiaron de mayores niveles de ayuda externa.

Como resultado de esta nueva riqueza, se produjeron enormes progresos sociales en el Medio Oriente. Por ejemplo, la mortalidad infantil se redujo a la mitad y la esperanza de vida aumentó por más de diez años. La matrícula escolar aumentó sustancialmente y la alfabetización de adultos aumentó del 34% en 1970 al 53% en 1990.

Otro resultado de esta nueva riqueza fue una ampliación de la brecha de ingresos entre los países de Oriente Medio, lo que significa que mientras todos los estados aumentaron su riqueza nacional durante este período, algunos estados crecieron a tasas sustancialmente más rápidas que otras. En el extremo superior de la brecha, los principales países productores de petróleo, especialmente los del Golfo con poblaciones pequeñas, lograron ingresos por persona que rivalizaban, y en algunos casos superaban, los niveles económicos de Europa Occidental. En el extremo inferior de la brecha, estados como Jordania y Yemen se mantuvieron entre los más pobres del mundo.

El crecimiento económico de los años setenta y principios de los ochenta disminuyó en 1986, cuando el precio del petróleo cayó dramáticamente de 28 dólares por barril en diciembre de 1985 a 10 dólares por barril en julio de 1986. La caída del precio fue el resultado de la sobreproducción. De repente, las enormes ganancias de las exportaciones extranjeras que habían impulsado el crecimiento de las dos últimas décadas se redujeron drásticamente. Esta disminución en los ingresos de exportación se tradujo en menos empleos y una gran reducción en la ayuda externa.

Dos factores han afectado el crecimiento económico y el desarrollo en el Medio Oriente. El primer factor es la alta tasa de crecimiento de la población. En la región, hay un crecimiento promedio de la población del 3% por año. Esto puede parecer un porcentaje muy insignificante, pero un aumento del 3% significa que la población en un estado dado se duplicará cada 20-30 años aproximadamente. Esta tasa media es la segunda tasa de crecimiento más alta de cualquier región del mundo, superada sólo por la región de África Sub-sahariana. En Irak, Libia y Arabia Saudita ha sido más del 3,5%, y en EAU y Yemen ha sido muy superior al 4%.

El gran crecimiento de la población genera tensiones muy profundas sobre los recursos de las naciones, ya que estas personas necesitan acceso al agua potable, la alimentación, la medicina, la educación, entre otras necesidades. Una gran tasa de crecimiento de la población también pone tensiones en la economía, ya que existe una enorme necesidad de crear nuevos empleos para absorber la creciente oferta de mano de obra. Este no es un problema nuevo: en el año 2000 alrededor de un millón de personas en el Medio Oriente ingresaron al mercado de trabajo por primera vez, pero sólo unos 200.000 lograron encontrar empleo formal y de tiempo completo. El resultado ha sido el desempleo a gran escala. Las tasas de desempleo en el Medio Oriente varían desde un nivel relativamente bajo en Arabia Saudita hasta porcentajes extremadamente altos en Irán, Jordania, Líbano y Yemen, y Gaza es probablemente la peor ubicación.

El segundo factor que afecta al futuro económico de Oriente Medio son las fluctuaciones –en ambas direcciones– en el precio del petróleo. Éste es un factor inevitable y muy bien conocido.

En un esfuerzo por reducir su dependencia de los ingresos petroleros, muchos estados de la región están haciendo grandes esfuerzos para desarrollar actividades económicas alternativas. Se están haciendo esfuerzos para seguir desarrollando sectores como la banca, el turismo, la industria ligera y la agricultura. Hay otros factores clave que afectan a todo esto, en particular la tasa de inversión extranjera (que es baja y ha sido durante mucho tiempo) y la eficiencia del gran número de industrias estatales.

Grandes partes del Medio Oriente siguen siendo afectadas por conflictos y turbulencias geopolíticas. Entre otras repercusiones negativas, esto impide que los países se centren en la reforma económica que mejorará el entorno empresarial y ayudará a restaurar la confianza de los inversionistas. Sin embargo, algunas economías pequeñas y ricas en energía han sido prácticas y están tratando de aprovechar su riqueza orientada a los recursos para emprender reformas estructurales que ayudarán a impulsar el empleo en el sector privado.

Podemos observar algunos de estos países teniendo en cuenta las medidas principales que influyen en la competitividad, incluida la infraestructura, la educación y la innovación. Algunos ejemplos en la región son:

Los Emiratos Árabes Unidos es la nación líder en la región en términos de rendimiento económico, y apenas por poco está fuera de las diez primeras en el mundo. La exitosa candidatura del país a la Expo 2020 y su impulso disciplinado hacia las reformas han apoyado fuertemente muchas iniciativas para mejorar la competitividad. Además, el marco institucional de los Emiratos Árabes Unidos, la infraestructura, la estabilidad macroeconómica y el uso de la tecnología, todos han mejorado. El país cuenta con mercados de bienes altamente eficientes, un entorno macroeconómico fuerte, una confianza del público en los políticos y una alta eficiencia gubernamental. Para que haya crecimiento futuro, se requerirá inversión en salud, educación, TIC e innovación.

Qatar se beneficia de altos niveles de estabilidad macroeconómica, mercados de bienes y financieros eficientes y buena seguridad física. Sin embargo, para lograr una economía más diversificada es necesario mejorar los resultados educativos, especialmente la participación en la educación primaria y terciaria. Qatar también debe fomentar el uso de la tecnología en general y abrir aún más al país al comercio exterior para aumentar la productividad en los sectores no hidrocarburos. Las empresas de Qatar podrían beneficiarse de una mejor infraestructura de transporte y de una reducción de las barreras administrativas para establecer empresas.

Arabia Saudita goza de altos niveles de estabilidad macroeconómica, baja deuda, un cómodo superávit presupuestario y el mayor tamaño de mercado de las economías nacionales del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Sin embargo, la salud y la educación están a la zaga de otros países con niveles de ingresos similares y, habida cuenta de la necesidad de crear puestos de trabajo para una fuerza de trabajo creciente, debería hacerse hincapié en la educación y las reformas del mercado de trabajo. El uso más eficiente del talento – en particular, permitiendo que una proporción creciente de mujeres educadas trabajen – y mejores resultados en educación, aumentará en importancia a medida que el país intente diversificar su economía.

Kuwait está clasificado por debajo de lo que uno podría esperar y uno pregunta por qué este es el caso. Aunque el país destaca por su entorno macroeconómico sano, Kuwait, al igual que muchos de sus vecinos, está luchando por fomentar la innovación. Las empresas afirman que sus mayores retos son la burocracia gubernamental ineficiente, las regulaciones laborales restrictivas y la corrupción.

Jordania ha reducido su déficit presupuestario e hizo algunos progresos recientemente en educación y desarrollo de su mercado financiero, y tiene el potencial de beneficiarse más de su proximidad geográfica a las economías de GCC y Europa. El país tiene una población relativamente bien educada, mercados internos vibrantes, y sus instituciones razonablemente estables y eficientes son activos fuertes. Sin embargo, el país enfrenta un alto desempleo entre los jóvenes (aproximadamente 33% no tiene trabajo) y tiene que gestionar un gran número de refugiados de su vecina Siria. Jordania podría beneficiarse de una mayor apertura al comercio internacional y la inversión, lo que daría lugar a mayores beneficios de eficiencia en su economía interna y facilitaría la transferencia de conocimientos y tecnología.

Marruecos ha reducido su déficit presupuestario e hizo mejoras en la educación primaria y la innovación, que han apoyado un ligero aumento para el país en la clasificación mundial. Algunos aspectos de sus instituciones han mejorado también, reflejando la relativa estabilidad social y política de Marruecos, así como los esfuerzos realizados en los últimos años para modernizar su entorno empresarial. El país debe continuar el proceso de diversificación económica e impulsar la calidad y disponibilidad de la educación, buscando una mejor armonización entre los planes de estudios y las competencias buscadas por la industria. Aumentar la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo reforzaría en gran medida la base de talentos disponibles en el país, y potenciar el uso de la tecnología mejoraría la competitividad de Marruecos.

Finalmente, Argelia ha experimentado mejoras en los últimos años en su entorno macroeconómico, que sigue siendo la fuerza competitiva más importante del país. También se observan mejoras en otros ámbitos, como las instituciones y la seguridad física, aunque de bajo nivel, y la calidad de la educación parece estar mejorando. Será necesaria una revisión importante del marco institucional del país y un mayor enfoque en la eficiencia de los mercados de bienes, mano de obra y finanzas para hacer que el crecimiento de Argelia tenga una trayectoria más sostenible.

*Stephen Murray Kiernan – Egresado de las Universidades de Dublín, Cambridge y Cape Town, fue consultor principal de asuntos universitarios en el Banc Mundial, director de la escuela de relaciones internacionales en el Universidad de Estados Unidos (Alliant) y presidente del Consejo de Posgrados en la Universidad Anáhuac del Sur. Autor de doce libros y muchos artículos, ha hecho proyectos de desarrollo internacional desde El Salvador hasta Papua en indonesia. Profesor extraordinario en la UNAM, escribe de manera regular para las revistas “Casa de Tiempo” y “AAPAUNAM”, y para “La Voz del Árabe” es principalmente redactor en la sección de ECONOMÍA.

La Voz del Árabe (LVÁ) – Economía – Cd. de México, junio 12 del 2017

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